
Estos días está lloviendo de lo lindo en toda España. La lluvia es uno de esos factores que puede alterar el estado de la carretera y de la conducción. Cuando nos sacamos el permiso de conducir escuchamos por primera vez una palabreja rara, pero que nos conviene conocer: aquaplaning.
Una de las principales consecuencias de la lluvia es la formación de una capa acuosa que nos hace perder adherencia y contacto con el suelo. Por ese motivo, los fabricantes de neumáticos diseñaron unas estrías cuya función es expulsar el agua hacia los laterales, con el objetivo de despejar el agua de la zona por la que deben rodar. Para ello debemos conservar las ruedas en buen estado conservando una profundidad de al menos 2mm en esas ranuras.
Cuando nuestro neumáticos no logran expulsar el agua se produce el tan temido aquaplaning, y digo temido, por que en esos momentos, el vehículo sólo tiene contacto con el agua y no con el suelo, flotando sobre la superficie mojada y haciéndonos perder el control.
Lo más recomendado es mantener los neumáticos en buen estado, con la presión adecuada y adaptar la velocidad y las maniobras a las circunstancias de la vía. No obstante, si no se cumplen estas normas, os damos las claves para afrontar el aquaplaning.
Lo fundamental es mantener la calma. Posteriormente debemos sujetar el volante firmemente sin permitir, en la medida de lo posible, oscilaciones laterales. Esto se debe a que mientras el vehículo se encuentre con las ruedas bloqueadas no responderá a los giros, pero en el momento que vuelva a tener contacto con el pavimento, se podría producir un derrape de cierta consideración.
Por el mismo motivo, no debemos dejar de acelerar y tampoco aumentar la aceleración. Que las ruedas sigan girando a la misma velocidad al tocar el asfalto, que cuando dejaron de tener contacto con el suelo es indispensable para garantizar un buen control.
Tampoco podemos utilizar el freno de servicio y menos todavía el de mano. Si frenásemos podríamos bloquear por completo las ruedas, evitado que expulsaran el líquido que hasta ese momento seguían evacuando en una cantidad mínima y provocar el derrape del vehículo.
Si vemos que la bolsa de agua está ocupando una anchura tal que no vamos a poder esquivarla, es recomendable forzar la entrada con las cuatro ruedas; siendo muy peligroso cuando sólo permitimos que entren dos ruedas de un mismo lado, pudiendo producirse trompos y latigazos bruscos, capaces de dejarnos colocados en sentido contrario al del carril.
Si vemos que no es posible introducir las cuatro ruedas, tendremos que estar preparados para un posible derrape.
Lo más habitual en casos de aquaplaning es que el coche sobrevire, es decir; derrape de la parte trasera. Para controlar ese derrape hemos de olvidarnos de dos pedales: embrague y freno. Vigilaremos hacia qué lado se marcha el culo y acto seguido giraremos el volante hacia ese mismo lugar, con rapidez pero con suavidad y sin efectuar un giro excesivo (con menos de un cuarto de vuelta suele ser más que suficiente). Mientras hacemos esto conviene dar un toque ligero de acelerador para ayudar al automóvil a recuperar su trayectoria habitual.
Finalmente, pudiera suceder que derrapásemos con la parte delantera (subviraje). En este caso será importante olvidarnos de todos los pedales y centrarnos exclusivamente en el volante, que deberá ser girado hacia el lado contrario del lugar al que apunta nuestro morro. Una vez nos hagamos con el control y mantengamos la trayectoria, tomaremos las medidas oportunas para continuar: cambiar de marcha, frenar o acelerar, dependiendo de cómo haya resultado la situación.
Muchas gracias a Circula Seguro